Resolución Concurso de Microrrelatos

Microrrelato Ganador: Anónima, con 9 puntos. Por María del Mar Imaz Montes.

Caminé por los montes junto a ellos, sentí cansancio, hambre… como ellos.

Mis deseos de libertad eran los mismos que los suyos.

Cuando disparaba, mis balas mataban como las de ellos.

Cuando nos capturaron, sufrí el doble por mi condición de mujer, que misóginos escondidos tras insignias y uniformes aprovecharon cobardemente para practicar todo tipo de vejaciones.

Ante el pelotón de ejecución, si algún compañero me había menospreciado en alguna ocasión, ahora me valoraba doblemente; mientras que los hombres que tenía frente a mi, acostumbrados a dóciles mujeres, sintieron que algo se les movía por dentro al comprender que nosotras no sólo servíamos para hacer las labores del hogar y procrear, y enterraron en los arcanos de sus mentes la imagen de aquella mujer que puño en alto se enfrentó a la muerte como el hombre más aguerrido conocido o por conocer.

En algún lugar de esta nuestra España, mis huesos no hayan sosiego, temen por ti, amiga lectora, saben que sobrevuelan tu cabeza fantasmas con ideales del pasado.

Microrrelatos finalistas:

Café Solo, con 4 puntos. Por Miguel Ángel Gayo Avello.

Me gusta ir a casa de Clara; después de todo somos buenos vecinos. Tomamos café. Ella fuma. Recuerdo el antiguo olor a humo de su salón, el olor a colillas penetraba con mucha fuerza. Era un olor inquilino. Por aquel entonces todo era distinto.

Hacia tiempo que el ambiente del piso había mejorado, la atmósfera que lo rodeaba desprendía una calidez propia de una mujer de su carácter. Había pasado 1 año. Ya no veía, desde la ventana de mi habitación, la luz de su cocina encendida cuando no podía dormir. Ya no veía sombras moverse tras la cortina. Se acabó.  Su hija no se acordará, pero algunas  noches nadie la podía atender mientras lloraba.

Cuando ya no podía más la veía salir con un pequeño bulto en su regazo envuelto en dos mantas azules.  El ruido nunca cesa esas noches aunque estés en silencio.

Ayer, con el café de medio día, recordamos la llamada. Mientras sacaba otro cigarro sonrió. Hablábamos poco  de aquello, muchas veces con silencios -largos, con humo-. La pequeña correteaba por el pasillo mientras el sol entraba por la ventana, ahora siempre abierta.

Me gusta ir a casa de Clara.

Él ya se fue.

Marie, con 2 puntos. Por David Rodríguez.

En reconocimiento por los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación descubiertos por Henri Becquerel”, decía el dictamen de la academia sueca. No sé si el día que decidí que mi tesis sería acerca de los trabajos de Becquerel lo hicimos conjuntamente. Ni sé si cuando logré obtener aquella pequeña cantidad de cloruro de radio lo hicimos juntos. Y tampoco logro darme cuenta de si fue también conjuntamente como dimos a luz a Irène y Eve. Quizás Pierre lo tenga más claro.

Rocanroleras, con 2 puntos. Por Marta María Rodríguez García.

La sangre salpicó el parabrisas. Le siguió otro golpe seco. Luego, el silencio.

Aurora pintaba de colores los distintos tipos de silencio. Aunque desde su asiento posterior en el coche alcanzaba apenas a vislumbrar la lágrima deslizándose por el rostro de mamá, distinguió una mudez violeta. Sintió cómo el aire se espesaba y que un monstruo peludo con muchos dedos la agarraba por el cuello. Abrió la ventanilla.

Experta en mutismos, la niña prefería otros, como el azul de los deberes del colegio o el amarillo del paseo por el parque.

Poco tiempo después, la pequeña conoció que la casa en la que vivían estaba embrujada y se mudaban a otra. Papá no vino con ellas; imaginó que se había quedado cazando fantasmas.

En el nuevo hogar, mami la estaba mirando con los ojos llenos, casi con un silencio azul. La chiquilla recitó:

“Resbala suave
el amor
sin espacio
para el cobarde”

La madre estalló en una carcajada estentórea y ella la imitó. Entonces pensó que la risa era igual que una canción roquera, que hacía cosquillas desde el estómago hasta la garganta. Así fue que ambas recordaron su pasión por el rock.

Más dures que el fierro, con 1 punto. Por Raquel Gutiérrez Álvarez

Perlista yera la Eva

Que-y dió pa que Adán probara

Un bucau d’una manzana

¡A ver si d’a qué pasaba!

La valía d’una muyer

Quedó demostrá  isi día

Y lo mesmo trabaya n’a mina

Que tien la casa barría.

De fémines contra paisanos

Aquí nun hay guerra nenguna

Trátase de saber educar

Bien desde la propia cuna.

Somos amigues, confidentes

Incuestionables güenes madres,

“llaboriando” en casa y fuera

Y canguros per les tardes.

Guisos caseros y coser,

Cursillos, plancha, ordenadores;

Preparar tapers y fregar

“char cuentes ” y poner lavaores.

Toes eses coses y más

Damos a bastu les muyeres

Pero eso sí, en sin renunciar,

A d’algún que otros placeres.

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